
“Es miércoles, sólo otro miércoles”, piensa mientras intenta desperezarse, busca el atado de cigarrillos y enciende uno, tose un poco más seco que ayer y el dolor parece un tanto más intenso, procura incorporarse pero los pies le pesan de sobremanera… “Un toque más, sólo un toque más”, se dice mientras vuelve a acurrucarse en un sommier que ya se le antoja excesivo para sí mismo. Logra adormilarse unos minutos más, no más de media hora, pero suficiente para que el tedio de retornar al trajín diario se vuelva un poco menos insoportable.
Repite su monotonía, un café rápido y recalentar algo en el microondas, otro cigarrillo y un nuevo achaque de tos, corre al baño, regurgita hasta lograr escupir, no puede evitar analizar el catarro, distingue un hilo de sangre antes de abrir la canilla para que el agua se lleve esa inmundicia depositada en el lavabo. Trata de asimilar una corta bocanada de aire, pero su pecho le devuelve el mismo dolor. ¿Se preocupa?. Quizás, es una posibilidad, pero no más que eso. Aún no se ha bañado y casi como un reflejo deja que su palma empuje el bigote contra su nariz, olisquea un mórbido dejo de ella en él, siente su olor aún presente en esas pilosidades que ha dejado crecer sobre sus labios. “El amor es un camión a la salida de una curva”, se repite justo al sonar la alarma del horno a microondas, lo repite mientras un vaivén de su cabeza lo niega. “No”, se dice. “Ya no tengo tiempo de eso”, se agrega.
Devora la tarta recalentada, no podría decir si al menos lo satisface, sólo ingiere cada trozo como si se tratase de combustible para el Corsa.
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