
Tractor afloja todo el volumen de su humanidad hacia el volante, ha intentado conducir recostado sobre el asiento, pero los riñones le molestan, a ver si así se calman un poco, toma Chacabuco y gira por 24, está medio cansado y eso que es temprano, ni llegan a ser las 9 de la noche, hoy tiene ganas de cortar temprano, desacelera lentamente y estaciona detrás del 18 de Tribilín, mientras acomoda la billetera no puede dejar de relojear a la rubia que espera en la puerta de la remisseria. Está buena, medio cheta para su gusto, pero está buena. Le hace una seña, Tractor, ni lerdo ni perezoso levanta el seguro del lado del acompañate y le devuelve la señal, la rubia rumbea hacia el Corsa y ya a un metro, Tractor puede sentir el aroma dulzón del perfume. “Carozito que me llevo” piensa Tractor y da contacto mientras la rubia se sube.
- Italia al 400…
- Entre… Urquiza y Tucumán
- Si vos decís…
Tractor es un tipo curtido, normalmente es como que las cosas se las pasa bastante por las pelotas, es difícil alterarlo o ponerlo de mal humor, en general, responde cualquier agravio con una sonrisa y como si no hubiese escuchado, aunque, con mucha sutileza, marca el territorio, un apretoncito en el hombro, una palmadita sobre la espalda, alguna forma de decir sin decir que: “Mejor no sigas, porque me voy a ver obligado a romperte hasta el alma”. Pero con la rubia esta, no da, capaz que si hace algo de eso lo termina denunciando en la “16” por abuso deshonesto, como que tiene pinta de estar medio pirata. Opta apenas por una media sonrisa y una mirada inquisidora de resfilón, una especie de: “Debes estar con la regla. ¿No, rubia?”.






