lunes, 14 de junio de 2010

Una mueca


Toca el timbre y espera, prende un nuevo cigarrillo dejándolo entre sus labios mientras frota las manos sobre sus muslos, hace un recuento rápido de la reca, le quedaran doscientos cuarenta, doscientos treinta mangos limpios. Buen día, para martes, muy buen día… El ruido de la llave y cierta ansiedad que no puede evitar ante el movimiento del picaporte. La Negra calza una babucha holgada y una remerita que no dice mucho, está de zapatillas, todo indica que este encuentro ha sido casi fortuito, una concomitancia de factores que la dejaron mucho después de hora en el departamento. La casualidad no molesta a Tractor, es más, desde que carga al Gaucho en la espalda, este reino de lo fortuito es algo que parece moverse a favor de sus ansias.

La Negra lo saluda e inquiere sobre su presencia trasnochada, Tractor apenas da una mueca mientras torna un poco la cabeza hacia el costado y encoge los hombros, no es un acto conciente, apenas sigue siendo algo que se le desliza, como tantas otras cosas que surgen de algún tiempo negado, él debería recordar que ese gesto, precisamente ese gesto ambiguo es su “arma”, allí escapan los ojos pícaros de nene eterno como si esa media sonrisa quebrase el cerrojo impuesto por un rostro curtido de años y sinsabores. Se rasca la barba y los ojos, pícaros, ambiguos, escrutan la figura de la Negra, sabe que no necesita decir más nada.

- Dale, pasá, pasá… Pedazo…

Transitan el pasillo hasta el interior del departamento, no hay palabras, apenas si escapa una mirada de reojo, llegan hasta el pequeño estar, ella sonríe y él devuelve otra mueca, la mano de la Negra lo toma por la nuca y lo empuja contra sus labios, Tractor no hace más que entreabrir la boca, sólo se deja llevar hacia ese resquicio de tiempo, ese singularidad en que las manecillas del reloj parecen detenerse, sólo deja que fluya hacia la misma desesperanza, hacia el mismo sinsabor desnudo de palabras.

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