
“La Santa” supone que canta pero no hace más que lanzar una serie de alaridos cuya relación con la musicalidad es la misma que guarda el chancho con la velocidad, sus gritos casi espasmódicos no alcanzan para silenciar la voz de Marcos repitiendo: “humíllate… Siente lo que yo sentía cuando me dijiste adiós… Húndete en la soledad, en la tristeza y el dolor… humíllate del mismo modo en que lo hice yo”.
Tractor no tiene un gusto particular por la cumbia, pero no puede evitar utilizar el volante a manera de bongo.
- Ja… Mirá el roquerito… – ríe “La Santa” buscando la complicidad la Gise que viaja en el asiento trasero.
- Y… Cuándo uno es negro, es negro, Santa – contesta Tractor lanzando una risotada que espanta más de lo que acompaña.
El viaje ha ido como siempre, rumbear por la 9 y llegar a la crucecita que seguramente recuerda alguno de tantos choques, dejar las balizas puestas y esperar que llegue el 307, apagar las balizas, “La Santa” se baja, intercambian paquetes y vuelve a subirse, Tractor espera que el 307 salga arando como siempre y pega la vuelta de U. Tranquilo, doscientos mangos al toque y sin mucho riesgo… Tribilín, alguna vez, le preguntó si no tenía miedo a perder, Tractor, siempre corto de palabras, se encogió de hombros y le contestó: “ Bue, de última… Te ganarás algún viajecito a Ezeiza”. “La Santa” retrocede por enésima vez el tema, seguro que tuvo una pelea con Elvio y está rebobinando una y otra vez a tres maridos y cuatro hijos, apenas tiene 34, pero parece más, “La Santa” parece más, demasiado más…
- ¿Sabés…? Es que acá adelante viajamos los despechados…
Gise no contesta, está colgada mirando hacia un costado de la ruta, el porro era fuerte, Tractor no le dio ni una pitada pero el olor solo bastó para que se siente un poco embotado.
- ¿No, Tractor, no cierto que vos también estás despechado?
Él se encoge de hombros, sonríe y piensa en cortar con una broma, pero no.
- Santa, lo que pasa es que… Mirá esta curva. ¿Ves? Vos vas tranquilo, en la tuya, tomás la curva suave, sacando y poniendo el pie del acelerador pero regulando la velocidad… Vas fuerte, pero mantenés el control, sin embargo… Sin embargo, Santa, supone que a la salida de la curva nos apareciera un camión con acoplado de frente, no voy a poder hacer nada para evitarlo, ni tiempo para tirarte a la banquina te da… Pero, Santa, no importa la velocidad con la que venías, nada que vos hubieras hecho puedo haberte evitado el camión de frente a la salida de la curva…
“La Santa” se queda callada.
- ¿Ves? El amor es eso, un camión con acoplado de frente que te sorprende a la salida de una curva, no podés hacer nada, Santa, nada más que estrellarte.
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